Gracias, palabra clave on y offline

Ya lo dijo Beatriz Navarro directora de marketing de Starbucks en Internet es tuyo:
“Al igual que hay que saber reconocer los fallos cuando se cometen, hay que saber decir siempre ¡gracias!”.

Navarro centraba su discurso en la estrategia en redes sociales, pero sus palabras pueden extrapolarse a los ‘fans’ de nuestra marca en todos los ámbitos: desde el online al pie de calle.

ImageCuando en la fanpage de facebook de Starbucks España llegaron a los 50.000 fans grabaron un video con “un iphone, super casero”, en el que desde los ‘baristas’ al director general de la empresa en España aparecían dando las gracias.
“Se lo pedimos también a la gente de Seattle, que tienen como 30 millones de fans, y que debieron de alucinar: si por 50.000 fans se ponen así, que harán cuando lleguen a los 5 millones”, apuntaba sonriente la directora de marketing de Starbucks.

(Aquí, el video de la ponencia de Beatriz Navarro en Internet es tuyo).

UNA SONRISA Y UN GRACIAS, LA MEJOR ESTRATEGIA. En el pequeño comercio todos sabemos que una sonrisa amable a la llegada y a la salida, junto a una buena atención son la mejor estrategia para fidelizar al cliente. Pese a ello, hay tiendas y establecimiento hosteleros donde no se pone en marcha esta política.

Pero sobre todo las marcas tienen que tener claro que son lo que son gracias a sus clientes, y saber aprovechar las redes sociales no solo para escuchar al consumidor final y dialogar con él, sino para agradecerle su confianza y fidelidad.

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MULTIÓPTICAS: GRACIAS ON LINE Y A PIE DE CALLE. Cuando en Multiópticas llegaron a la cifra de un millón de gafas Mo vendidas decidieron que era el momento de dar las Gracias por todo lo alto.
La cadena de ópticas mantiene una estrategia de cercanía con el cliente, tanto en sus establecimientos, como a través de las redes sociales y de su campaña de publicidad.
Por eso idearon una acción de agradecimiento ‘mixta’ tanto a pie de calle como en el entorno on line, todo ello, bajo el paraguas de un concierto de aplausos.
Para el on line diseñaron un microsite en el que el usuario puede autodedicarse un original concierto de aplausos, y  mandárselo por email a quien lo desee.
Y para rematar la acción, ‘tomaron’ la plaza de Callao en Madrid; allí, un coro de unas 40 personas interpretó varios conciertos de aplausos -con 3 piezas compuestas por la directora de la formación para la ocasión- en agradecimiento al millón de clientes que viste cada día sus gafas Mó.

Originales maneras de agradecer la confianza en una marca y en sus productos: cuestan poco, tienen gran repercusión, y llegan al cliente final. Y por supuesto, al potencial: quien no tenga ‘marca de confianza’, esté desengañado de una, o ‘descubra’ con este tipo de acciones que la suya nunca le ha dado las gracias, posiblemente deposite su confianza en quien se preocupa por agradecer su éxito y crecimiento a quienes realmente contribuyen a hacerla grande: los clientes.

Sábado de barbacoa en el Tapas&Blogs del verano

A mí me dicen ‘día en el campo’ y digo ¡Yeah!
Añaden cata de quesos, vino y barbacoa, y me planto en el lugar de convocatoria en un momento… si no fuera porque para asistir al Tapas&Blogs de verano cogí la A-1 a la misma hora que los aficionados del Athletic de Bilbao emprendían regreso a casa al día siguiente de perder contra el Barça… y porque no miré la dirección de la quesería Alimentos de Miraflores hasta que no estaba en el centro del pueblo homónimo y tuve que retroceder sobre las huellas de los neumáticos de mi coche…

Fotos robada vil mente del blog de Webosfritos.es

Foto robada vilmente del blog de Webosfritos.es ;) Gracias!

Cuando llegué, ya había terminado el recorrido por las instalaciones de la quesería, y estaba a punto de concluir la cata de vinos Martúe y la degustación de quesos (por fortuna,  probé varios mientras decidía cuál comprar). En el exterior Gus, de Pepa Cooks; Cristina, de carnes Villa María y su padre preparaban las brasas.
¡El tiempo que hacía que no disfrutaba de una barbacoa en el campo con buen tiempo y las ganas de tenía!

En el salón de Alimentos de Miraflores saludo a Itzi (@miotraella), a la que había insistido para que acudiera, a Luisite, Laura y Eric; a la todoterreno Lúa Monasterio, a Boris Jodar, a los QuéLujo, a Victor y Ana, de Caminar sin gluten…. Y desvirtualizo a Carlos Noceda, y a sus fotogénicos niños Alicia y Carlitos, que protagonizan muchos de sus instagrams.
A Alfonso -de Rechupete lo encuentro a la salida con las manos en la masa, me saluda y me indica donde dejo mi aportación de no-cocinitas: refrescos (con burbujas, para decepción de Alicia Noceda :)
La señora del lugar, la mujer de José Luis de Alimentos de Miraflores, dispone mantas bajo la sombra de un árbol y unos cuantos nos asentamos allí; al rato aparece Cristina Chacón, con un curradísimo kit barbacoa personalizado para cada asistente: dentro de la caja hay dos platos, unos cubiertos, y una camiseta blanca, diferente modelo para chicos y chicas, con el logo de carnes Villa María dibujados a mano. Después de mucho insistirle, Cris acaba venciendo su timidez inicial y explicando al grupo la historia de Villa María e invitándonos a visitar en MercaMadrid el puesto de su familia.

Estreno el kit probando la panceta y el chorizo a la brasa, y conversando con el gran Rafa Prades, hombre capaz de achicar la distancia entre Madrid y Cáceres en nombre de la gastronomía, sobre la próxima gastrokedada de Salamanca.
Pasamos a un queso a la brasa, aderezado por aceite de oliva, AVOE, cortesía de Fernando Ortega.
Alfonso me presenta a Jorge, nuevo también en estas lides del Tapas&Blogs, al que confundo en alguna ocasión con Boris, por su gran parecido físico.
Al rato conozco a los srs Webos, Susana y Jesús, tan encantadores, que dan ganas de pellizcarles a ver si son reales ;)
Itzi, bajo los efectos de los calmantes para paliar el dolor de su pie, descansa bajo las mantas del árbol, ‘ganseando’ con Pepa Cooks, Alicia Noceda -armada con una cámara de fotos disparando a todo lo que le gustaba-, y Susana.

Gus, sr Cooks, sigue al mando de la barbacoa, logrando que toda la carne quede en su punto: chistorra, chorizos criollos…
La primera tanda del angus negro de Nebraska vuela, espectacular, ¡no he probado nada igual! Yo que tolero mejor la vaca ‘cruda’ que la hecha, tras probar el angus de Villa María estoy a punto de abandonar la crudofilia por los chuletones y similares.

Llegan -o llego a- las brochetas de presa ibérica, la ternera gallega, y una nueva tanda de angus ante la que es imposible resistirse.

Después de horas achicharrándose para darnos de comer, el sr Cooks aparece en la zona de sombra y se lanza en plancha sobre una manta bajo el árbol. Es la hora de los gin tonics y los postres.


Merche, de Amasando que es gerundio,  dispone una bandeja con galletas sobre las que nos había puesto los dientes largos en instagram la noche anterior; Rafa Prades, un bizcocho de naranja; Belén, de Cocinar para 2, un bailys casero que no llego a probar por estar de cháchara con Lúa; Víctor y Ana, una tarta de melocotón sin gluten; Alejandra Feldman, de Cocinar con encanto, unas cucharas de arroz con leche que le ayudan a preparar los niños Noceda, y Su, de Webos Fritos, unas gominolas de licores.
Pero, en mi top 1 de tanta delicia para golosos, la cheesecake de Pepa Cooks.

Un estupendo día que los que fuimos en coche alargamos al máximo (de la decencia para dejar de molestar a los anfitriones, porque si por nosotros fuera, nos hubiéramos quedado a vivir ahí.)

Eso sí, antes de irme compré medio queso de oveja que compartí con Itzi y que a estas alturas está a punto de acabarse, por lo que auspicio próxima excursión, ahora que ya sé ir del tirón a Alimentos de Miraflores, y de paso, entrevistar a José Luis, para que nos cuente cómo decidió dejar su puesto en ECI para lanzarse a esta aventura.

Oko, mi perro

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Mi cocker Oko

Cuando Oko llegó a casa era una bolita negra de pelo hiperactiva, con largas orejas.
A mí, por aquel entonces, me daban miedo los animales; un miedo atávico que mi padre atribuye a una mala experiencia que tuve de pequeña con un can, de la que no guardo recuerdo alguno, y yo, a que él se ponía en alerta cuando había un perro cerca de mí y me transmitió ese miedo…
Sea como fuere, un día mi hermana anunció en la comida que Gretel, la perra de su amiga Regina, iba a tener cachorros y cada amiga se iba a quedar con uno.
Mi madre, sin apenas inmutarse, dijo que ni de broma entraba un perro en casa y zanjó el tema convencida de que si a la finca de Regina mi hermana iba y volvía en autobús, no iban a dejarla subir a éste con un cachorro…. Pero no tuvo en cuenta un detalle: el conductor de la línea era el mismo que nos llevaba al cole de pequeñas, y mi hermana siempre ha sido una niña encantadora y sociable, a la que no le costó nada camelarse a Jesús y traer a casa a esa bolita negra en brazos desde no sé que pueblo.

¿QUÉ ES EL VIENTO?: LAS OREJAS DE OKO EN MOVIMIENTO
Fue verle la carita, las orejas al viento mientras corría por el pasillo, ese rabo más largo de lo que debiera que un veterinario despistado le dejó -y lo hacía ‘imperfecto’ para su raza- moverse sin cesar, y caer rendidos a su pies mis padres y yo (mi madre confiaba en mi veto negativo, pero no tuvo ‘suerte’ y me lo agradeció infinito después).

Yo siempre he sido de buen dormir y nunca me enteré de esas noches en vela tratando de que funcionara el viejo truco de poner un reloj cerca de su oreja para hacerlo pasar por el latir de corazón de la madre.
Ni de esos llantos delante del balcón para salir a hacer pis de madrugada… Un logro conseguido después de acabar con una significativa cantidad de periódicos para cubrir el suelo de la cocina…

En 2002 entré a trabajar en Jara y Sedal (revista) y publicaba de vez en cuando notas sobre competiciones caninas -agilidad, belleza…- y me empecé a plantear si podríamos presentar a alguno a Oko; y aunque para nosotros apuntaba maneras -si todos los hijos son ‘lo más’, qué decir de los pets…- nunca pasó del “siéntate” (en castellano, nada de ‘sit’), “dame la patitia, la otra, la otra”… y así en bucle y por un único motivo: la recompensa final, un trozo de pan. Así, como lo leen, con sus tres letras, PAN.

Después de 15 años no hemos descubierto por qué lo que más le gusta del mundo mundial a nuestro cocker es el pan; cierto es que no le hace ascos al pollo, al jamón, a la carne guisada… pero es ver a alguien llegar a casa o caminar por el pasillo, y ponerse bajo el cajón del pan moviendo el rabo y a veces, hasta jadeando. Por no mencionar esa suerte de chantaje emocional a modo de lamento que le hace a mi madre cuando habla desde el teléfono de la cocina…

¿Y no está loco para ser un cocker?
En los perros también hay lugares comunes y leyendas urbanas, y todo el mundo conoce al primo de un amigo que tenía un cocker y tuvieron que sacrificarlo porque estaba loco…
Oko, y decenas de cockers más que he conocido en estos 15 años, rompe el mito.
Hiperactivo: por supuesto; loco, no.
Cada mañana mi padre saca a Oko de paseo, a veces media hora, otras 2; los fines de semana, desde el desayuno a la hora de comer.
Va al parque, recorre la ciudad, entra en bancos, a ver a clientes de mi padre, y hasta a tomar el aperitivo. ¡La de veces que yendo conmigo ha entrado en bares, en plan cliente habitual, moviendo su culito respingón y su rabo imperfecto y los camareros han salido tras la barra a saludarle y darle pan!

Tener cuatro ‘dueños’ podía suponerle un estrés, pero él lo ha sabido aprovechar en su favor
¡no valdría para campeonatos de agilidad, y a veces tiene momentos Odie (el de Garfield), pero de tonto no tiene un pelo!
Con mi padre pasea, y como es su ‘ojito derecho’ -a falta de nietos….- olvidaba a su lado cualquier enseñanza de no cruzar las calles antes de que le diéramos la orden, y en cuanto le soltaba la correa a una manzana del parque, se lanzaba a correr cruzando en diagonal, esquivando ruedas de coches si era necesario. Más de una vez estuve al borde de la histeria viendo eso…
En mi madre encontró el chollo alimenticio: si sobraba salsa de carne, le echaba un poco en el pienso para que le supiera mejor; le bailaba el agua en cuanto le daba pan con lamezatados y algarabías, y ella empezó a comprar una barra de más “para el perrito”…
En mi hermana, en teoría y según todos los papeles su ama, alguien con quien salir fuera del horario habitual, y por supuesto, muchos mimos y juegos, como el famoso ‘A patas’, una suerte de calientamanos perruno.
Y en mí, los juegos. Un día llegó de la calle a medio día y se acercó a saludarme a la habitación donde yo estudiaba; puso las dos patas delanteras encima de mis apuntes y me levanté para jugar con él por el pasillo con la pelota que traía en la boca. Al rato volví a mi mesa de estudio, y se acercó de nuevo algo cansado. Lo senté en mi regazo y de un salto se subió a la mesa (dos metros de largo y casi uno de ancho). Desde entonces, se convirtió en un ritual que mientras estudiaba viniera un rato, a veces horas, a mirar por la ventana desde allí, o a echarse una siesta en una esquina.

LOS PATUCOS
Coincidió que a los dos años de tener a Oko nos mudamos de casa y mi madre entraba en ataques de nervios cuando veía o oía cómo derrapaba por el largo pasillo de tarima tras las pelotas o muñecos que yo le lanzaba; así que un día nos escondió los jugetes y se plantó frente a nosotros: si quiere jugar, que se ponga patucos. Efectivamente, le había hecho con calcetines viejos unos patucos con una goma que se encajaba en el tobillo. ¡Qué dirían tus amigos del parque si te vieran así, Oko! Nos burlábamos de él.
El pobre Oko se escondía tras el sofá con la pelota cuando oía a mi madre acercarse a él, y ¡qué resbalones se pegaba el pobre por la tarima cuando iba a todo correr con aquello puesto!
Cuando descubrió cómo quitárselos, mi madre ideó otro sistema con unas cintas…

Antecedentes cazadores, perro urbanita.
Que tuviera sangre de perro de caza no implica que nunca cazara nada; si estaba cerca de un río, se lanzaba a él de cabeza; desde el balcón y la terraza de la cocina le señalábamos los pájaros sigilosamente, nos escondíamos, y él se asomaba por la barandilla ladrando.
Una vez en la finca de unos amigos salió corriendo tras una liebre, después del primer quiebro se paró y nos miró moviendo el rabo para que aplaudiéramos su amago de caza.
Demasiado urbanita el can ;)

La de noches que pasó en la terraza del actual Doze, antiguo Tintín, recibiendo mimos de nuestros amigos y de las mesas de al rededor y bebiendo agua a lametazos del tapón de la botella hasta que los camareros nos sacaban un recipiente.
Otras noches, las más, nos delataba cuando llegábamos de copas: aparecía con sus ojos entrecerrados, meneando el rabo, y se tumbaba bocarriba a que le rascáramos la tripa durante largo rato. Con el tiempo, descubrimos que había un tramo horario en el que si no hacíamos muchos ruido no se despertaba y no escuchábamos a alguno de nuestros padres decir aquello de qué horas son éstas….

Oko nos ha acompañado en momentos felices y en momentos tristes; un peluche andante al que hemos disfrazado, puesto lazos en las orejas, camisetas, gafas, gorras; hemos abrazado y mimado hasta la saciedad -la suya-, le hemos contado nuestras penas y nuestras alegrías (inventándonos por supuesto su respuesta ;)

El miércoles pasado nos informaron de que tiene una insuficiencia renal, una dolencia crónica, de la que no se puede recuperar. Ahora mismo alterna momentos de debilidad con otros de actividad, responde a estímulos, nos busca, nos mira, y según el veterinario, no le duele nada -solo tiena incómodas arcadas de vez en cuando-, pero como no come bien, está débil.

Mientras escribo estas líneas nos planteamos si ponerle en los próximo días la inyección de la eutanasia y cuándo o dejar que muera en casa y alargar nuestro dolor.

Oko está en mi regazo, y me mira. Yo le aplasto y le beso, y no puedo creer que el próximo fin de semana que venga a Salamanca no me reciba en casa.